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¡Justicia por Laura Moyano!

¡Ni una menos por ser trans! ¡Ni una menos por ser trabajadora sexual! Laura Moyano fue encontrada la madrugada del sábado 25 de julio, bru...

¡Justicia por Laura Moyano!

¡Ni una menos por ser trans! ¡Ni una menos por ser trabajadora sexual! Laura Moyano fue encontrada la madrugada del sábado 25 de julio, brutalmente violada y asesinada en un obra en construcción de la ciudad de Córdoba. A dos meses de la masiva marcha #Ni una menos, nos encontramos con otro caso de femicidio; esta vez con especial saña y gravedad por ser una mujer transgénero. La exclusión social y la discriminación generalizada a la que están sometidas las personas trans se hicieron patentes en este hecho: la policía y la justicia están haciendo poco para dilucidar lo que sucedió, los medios de comunicación en sus crónicas del hecho negaron la identidad de Laura. Ante eso, diferentes organizaciones salimos a las calles junto a sus familiares y amigxs, para denunciar este crimen y poner en agenda la situación del colectivo trans y luchar por sus derechos.




¡Ni una menos por ser trans!


Las mujeres trans se encuentran en situación de vulnerabilidad extrema. Son excluidas por el conjunto de la sociedad; del mercado laboral, de los servicios sanitarios, y de múltiples derechos elementales. La ley de Identidad de Género, conquista histórica de nuestro colectivo, no ha significado un cambio real en la sociedad: las mayor parte de la sociedad sigue negándole su identidad, el maltrato en hospitales e instituciones públicas es moneda corriente. Excluidas completamente del mercado laboral, se ven obligadas a  recurrir al trabajo sexual como único medio de subsistencia.
La expectativa de vida de una mujer trans es de entre 35 y 40 años. Las mujeres trans son perseguidas y abandonadas por el Estado, muriendo por crímenes de odio, enfermedades, mala atención en los hospitales, maltrato policial, depresión, operaciones clandestinas por modificaciones corporales, entre otras causas.


El estigma se presenta de forma constante. Concebidas en un imaginario social como “personas peligrosas”, son de hecho sujetes vulnerables, en peligro, personas que son blanco fácil a las peores condenas morales y a la violencia física. Vejadas constantemente por disidentes de una sociedad machista que mutila los cuerpos en pos de encajarlos en los modelos hegemónicos. El sistema patriarcal no puede permitir una identidad disidente, que pone en cuestión con su misma existencia el binarismo varón/mujer -siempre heterosexuales- que se nos impone como mandato social.


La violencia sexista, una de las formas de expresión del  sistema patriarcal, nos incentiva a pensar con lógicas binarias, haciéndonos olvidar que existen otras formas de vivir el cuerpo, las relaciones, los vínculos y el amor mismo. Como si hubiese una receta prescrita para amar. Como si la personalidad y el deseo se desarrollasen pensando en dos tipos de genitales. Esto también es violencia,  porque fundamenta la eliminación de lo que sale de esta norma, lo que no entra en ninguna caja. La violencia a las personas trans está completamente naturalizada: se le niega su propia identidad, se le exige explicaciones de sus decisiones, se las patologiza o intenta buscarse explicaciones para su “desvío”. El castigo por salirse de estos roles impuestos es la estigmatización y la exclusión social extrema, que termina, en muchas casos, con la muerte.

¡Ni una menos por ser trabajadora sexual!

Las trabajadoras sexuales se encuentran actualmente sin el reconocimiento de ningún derecho laboral. Para agravar la situación, el Código de Faltas criminaliza su trabajo, quedando así sometidas a maltratos constantes de la policía, que les exige coimas o las detiene sin ningún motivo más que por realizar su trabajo.
Las mujeres trans, ante la falta de apertura en el mercado laboral, son obligadas a recurrir al trabajo sexual, ámbito carente de garantías que permitan el ejercicio librado de situaciones de riesgo, sufriendo así un combo patriarcal asesino: siendo trans, son víctimas del odio social generalizado, y además son criminalizadas y perseguidas por la policía. La situación de vulnerabilidad es extrema.

A 2 meses de la marcha #Ni una menos, volvemos a salir a la calle

Sabemos que el femicidio es sólo la punta del iceberg de una trama de violencias que forman parte fundamental del tejido social heteropatriarcal en el cual vivimos. Esa trama  somete a las mujeres y a todas las identidades disidentes a múltiples violencias cotidianas.El femicidio es la instancia final del disciplinamiento a quien no acata los mandatos sociales establecidos. El término femicidio es político; es la denuncia a la naturalización de la sociedad hacia la violencia sexista y  una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres e identidades disidentes. Es el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad. Es el asesinato cometido por un hombre hacia las identidades que rompen el binarismo varón/mujer y cuestionan el lugar de macho privilegiado. El transcidio es, de esta forma, una forma específica de femicidio: aquel crimen de odio cometido a personas trangénero, por el sólo motivo de su identidad, por el sólo motivo de no estar dispuestas a encajar en los mandatos sociales, por el hecho de poner en tensión con su misma identidad los privilegios del macho.

Por todo esto decimos que los asesinos de Laura son femicidas. El femicida no es una bestia, ni un monstruo, ni un “desequilibrado”. Decimos que es “un hijo sano del patriarcado” porque responde a cómo fue educado: sin capacidad de moderar la frustración, completamente justificado por una sociedad que entiende que estas conductas son aceptables.

Para devolverle el golpe al patriarcado ¡resistencia y lucha desde abajo!

¡Porque no nos reconocemos en el lugar de víctimas en el que se nos coloca, salimos a luchar contra las violencias sexistas! Ejemplos de esa resistencia son las compañeras de AMMAR Córdoba, que no solo luchan contra la criminalización de su trabajo por parte del Estado y su brazo armado, sino que además se enfrentan y cuestionan al estigma social y político que les imprime el abolicionismo. La Campaña contra las Violencias en la provincia de Buenos Aires que pelea día a día por la visibilización y erradicación de todo tipo de violencia contra las mujeres. La campaña por el Derecho al Aborto y las Socorristas que luchan por la legalización del aborto y se resisten a que cada vez sean más las muertas en la clandestinidad.  Y así tantos otros ejemplos, individuales y colectivos que se niegan diariamente a ser etiquetada como víctimas pasivas.

Este viernes a las 18hs en Colón y Cañada marchamos para denunciar que el odio a las personas LGTBIQ se sigue cobrando vidas, y para exigir respuestas a una justicia que no está hecha para defender a las personas trans, a las trabajadoras sexuales ni a lxs pobres, sino para mantener un orden social injusto, donde unos pocos detentan sus privilegios a costa de las mayorías.

¡¡¡JUSTICIA POR LAURA MOYANO!!!
¡¡¡BASTA DE FEMICIDIOS!!!!
¡¡¡¡BASTA DE HOMOLESBOTRANSBIODIO!!!!

¡¡¡¡BASTA DE PERSEGUIR Y CRIMINALIZAR  LAS TRABAJADORAS SEXUALES!!!


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